Miguel Issa: Tengo conmigo una especie de archivo lleno de proyectos por hacer

Cuando llegué a entrevistar al maestro Miguel Issa ya se encontraba sentado en el cafetín del Teatro Teresa Carreño; apenas unas horas atrás había salido del primer acto de Cascanueces, donde interpreta dos de los personajes de ese ballet, y ya pasaban de las cinco de la tarde. Su mirada estaba en otra parte. No pude determinar cuan alto era pero me impresionó su porte: un hombre apuesto, de abundante cabellera canosa y una mirada persistente. Se veía agotado aunque, inmediatamente que me identificó, sonrió ampliamente, me extendió sus grandes manazas para saludarme y me dio un beso cariñoso. Me atrapó.

VC: ¿Maestro, en qué momento se dio cuenta que quería cantar?

MI:¿Qué yo quería cantar? Bueno, yo comencé en el orfeón del liceo Aplicación y allí sentí el placer de cantar a varias voces, eso me fue seduciendo; estando ahí comencé a ver óperas, a ver conciertos y ese fue el punto de partida. Quería ser cantante lírico. Tenía quince o catorce años, un chamo de segundo año de bachillerato.

Por pura retórica insisto en la pregunta, entonces me asegura que aún no pero que, definitivamente, la vocación le vino por formación; esa que a temprana edad marca a la persona.

MI:Mi mamá tiene una voz muy linda y cantaba siempre tipo Libertad Lamarque. Así que en mi casa hubo música todo el tiempo: por mi mamá cantando o por la música del picot; además yo estudié en el colegio Sagrada Familia, de Propatria, que era dirigido por un cura melómano que en los recreos ponía música, Frank Pourcel, Ray Collin, en fin, música de los ’60 y ’70; entonces creo que mi gusto por la música y el canto se vino cultivando desde esa época.

VC: ¿Y los estudios de canto, con quién?

MI: Con un maestro que se llamaba Francisco Kraus, hermano del famoso Alfredo Kraus; realmente no entendía muy bien lo que él decía y empecé a saltar por muchos profesores hasta que por fin llegué con la maestra Aida Navarro, que cantaba con el quinteto Contrapunto; ella me habló con mucha honestidad: “no tienes una buena voz, tienes una voz poco elástica, pero vamos a trabajarla”, así fue que llegué dignamente a cantar piezas cortas; pero en un momento, ya estando en la universidad, me di cuenta que no tenía la nobleza de un instrumento para ser un cantante lírico.

VC: ¿Pero si llegó a cantar?

MI: Si, canté muchísimo. Canté en coros de música antigua, canté en muchos coros de toda Caracas y, claro, en la Shcola Cantorum.

Fue precisamente en la Shcola, en el año 1989 aproximadamente, cuando le dirige el gran José Ignacio Cabrujas para la Ópera Elixir de Amor. Del maestro Cabrujas, en sus montajes, rescata el ingenio en sus propuestas de ópera.

MI: Yo le escuchaba a Cabrujas en un programa que tenía los domingos, se llamaba “Ópera Dominical”. Allí él iba haciendo relación con los personajes actuales y los personajes originales de las obras; en el caso de “Elixir de Amor” él contemporanizó la puesta y ya eso era un atrevimiento, un arrojo. Quizás eso fue lo que me pareció más simpático, supo llegarle a más público en los ’80. Además fue una experiencia divina: cantantes líricos, tres elencos, en esa pieza cantaba un tenor muy importante llamado Luigi Alba.

Con emoción cuenta la época de las grandes temporadas de ópera del año 80; de lo importante que fue el centenario del Teatro Municipal donde hubo dos temporadas de cinco óperas. Issa era un veinteañero que se quería comer al mundo.

VC:Este año le tocó a usted asumir “Elixir de Amor” como director… ¿esto le hizo recordar al muchacho de la coral que fue usted?

MI: Lo recordé todo. Estaba buscando las fotos y no las encontré. Es un momento cíclico: tú comienzas con algo y, más de treinta años después, te reencuentras con ese algo pero ahora tú a la cabeza. Fue muy simbólico. Claro, yo concebí el Elixir de este año más a lo clásico para poder recrearlo con parte de otras producciones que ya se habían realizado anteriormente, eso con el objetivo de poderla ensamblar con lo existente.

Yo nunca había dirigido una ópera completa aquí en el teatro; había dirigido zarzuelas y otros espectáculos, pero no una ópera producida casi completamente por el teatro. Valoré mucho este momento que fue tan simbólico para mí.

El maestro asegura que a la danza llegó de manera accidental, gracias al boom que se desató en los ’80, período que coincidió con sus estudios de Arte en la Central. Empezó en el Taller de Danza de Caracasque estaba ubicado en Parque Central.

MI:Así como me pasó con el canto me pasó con la danza; no tenía las condiciones para ser un bailarín, es decir, las extensiones, pegarme la pierna acá, la punta. Pero igual yo estaba en mis clases de danza con el negro Ledezma que te regañaba y daba la clase con un perolito y un palito para marcar el tiempo -era un terror porque era un hombrón gigante con una vocesota.

No pude más. Finalmente dejé de tomar clases. Sin embargo mi gran amigo Luis Viana, que venía de estudiar en Nueva York y tenía unas ideas bastante voladas, participó en el segundo festival de Jóvenes Coreógrafos y yo les ayudé. Hice el papel de una suerte de asistente que les apoyó con la dicción de los intérpretes en unos textos que tenía la pieza. Esa propuesta fue un golpe duro porque era una búsqueda de la danza teatro. Cuando termina el festival Luis me invita a vivir un proceso de investigación para un nuevo proyecto que tenía, allí estábamos Leyson Ponce, José Nava, Luis y yo.

La verdad es que yo estaba muy asustado porque no tenía las condiciones corporales pero Luis me supo moldear y, sin darme cuenta, me convertí en el personaje principal de la obra.

 La obra a la que a lude es “Silente”,  que se estrenó en el año ’87. Esa obra y ese año es la que el maestro Issa toma como su inicio en las tablas, por lo que en 2017 cumplió 30 años de carrera artística. “Silente”, según él mismo, debía convertir se en debut y despedida pero Julie Barnsley, coreógrafa de Aktion Kolectiva”, les invita a su temporada en el Teatro CADAFE. Y, después de esas presentaciones, le invitan a interpretar otra pieza que requería sus potencialidades.

MI:Yo no era ni bailarín, ni cantante, ni actor pero era de todo. Eso fue un punto de partida para formarme como un intérprete de danza-teatro y, cuando ya Aktion Kolectiva se estabiliza formantemente, Julie me invita a ser actor de esa compañía, donde estuve 6 años.

VC: ¿Qué rescata del trabajo con “Aktion Kolectiva”?

MI: La oportunidad de hacer un oficio como intérprete; el trabajo con Aktion era muy obsesivo, en especial el de Julie, una mujer muy obsesiva con el cuerpo, con la forma: tú no podías marcar, tenías que darte con todo. Pertenecer a esa generación que hizo pauta en el rumbo de la danza en Venezuela fue sumamente importante; tuvimos la oportunidad de viajar, de hacer y de crecer.

Algo muy importante de crecer es la de ser intérprete entregado al creador de manera incondicional: El creador dice “hoy nos vamos a mover con esta silla pegada a la espalda” y no hay cuestionamiento; él o ella está en el proceso creativo y tú no sabes cómo va a terminar la obra. Allí me formé con muchos creadores que me generaron una serie de principios como intérprete: de respeto, de mística, de entrega. Eso es hoy son la base de mi trabajo. Yo cuestiono mucho las nuevas generaciones que no lo tienen porque no tienen el espacio para el oficio.

VC:¿Cómo se siente estar en la contraparte, como director?

MI:Es un compromiso sobre todo cuando tienes un equipo que cree en ti. Ahorita, en un momento como este, hay que gerenciar lo humano; los tiempos reales de las personas. Cuando son proyectos míos tengo que negociar muchas cosas porque no tengo el dinero para pagar, esto me lleva a gerenciar los tiempos, porque no tengo el cien por ciento a las personas concentradas en el trabajo, entonces desarrollo una habilidad para montar muy puntual y, luego, ensamblo. A mí me encanta dirigir.

Pero, fíjate, cuando hago un proyecto como “El Valle de los Inquietos”, en homenaje a Caracas, donde logro ensamblar apoyo de instituciones como Fundarte, Teresa Carreño, la Orquesta Sinfónica Municipal, pues en proyectos así me siento muy bien porque logro juntar todos estos apoyos y trabajar cómodamente.

VC: ¿Y cómo ve la experiencia de su etapa de trabajar con niños?

MI:Yo trabajé con chamos en la cota 905, en Caño Amarillo, y el barrio La Pedrera, en Antímano. Fueron cosas muy bellas, aunque el de Antímano eran más rudos los muchachos; porque entre la droga, el sexo y el alcohol… eso era un ambiente más de supervivencia. Pero en Caño Amarillo y en la Prisco, un colegio de Fe y Alegría, logré hacer cosas muy lindas. Trabajar con niños trae una gran gratificación: a veces te encuentras con artistas natos, músicos, bailarines… Y puedes pensar que no estás haciendo gran cosa pero no es así; yo lleve a esos chamos acá al Teresa, al Aula Magna; Yo me llevé mi coro para todos lados.

Pero este año me tocó un trabajo con niños y salí corriendo, no por ellos sino por los padres. Y me dije: yo no vuelvo trabajar con niños de esta manera… ¡no quiero trabajar con papás! Cuando estás en una escuela no tienes contacto con los padres, pero ahora mismo tú no puedes decirle a un niño silencio porque te demandan.

Sobre la fundación de Dramo, en el año ‘95, Issa cuenta que la idea de que se juntaran él y Ponce fue de Carlos Paulillo, quien tuvo el atino de ponerles a ambos en una gala de cuatro solos que fue muy bien recibido y, después de eso, les sugirió que armaran una asociación civil para pedir recursos Estatales. Con una emoción visible habla de las piezas que montaron Leyson Ponce y él, juntos o por separado. Sobre todo evoca con pasión “El Mistral”.

A estas alturas de la entrevista ya estamos francamente a gusto los dos, incluso lo tuteo; soy quien le comenta de Pascua, pieza que vi hace muy poco y me impresionó hasta las lágrimas.

VC: ¿Cómo abordas el proceso creativo? ¿Cuándo nace un proyecto?

MI:Tengo conmigo una especie de archivo lleno de proyectos por hacer. Pero crear puede ser por una imagen, un motivo; por ejemplo, te cuento de “Pascua”: Hice un viaje a Chipre donde son Ortodoxos; además Chipre está dividido por una línea verde, los turcos por un lado y los griegos por el otro; es una cosa maravillosa escuchar los cantos musulmanes de la parte turca o ver a hombres llevando café con una bandejita por todos lados y, en el mismo viaje, tuve la oportunidad de hacer un crucero a Jerusalén. Entonces, además, ver todas aquellas imágenes en Jerusalén: católicos, musulmanes y hebreos, cada cual llevando sus rituales de manera distinta. Ese viaje lo terminamos en Nápoles, te imaginarás. Y así nació Pascua, de los rituales, de la celebración.

Y en el caso de “EL Mistral” viene de mi tiempo en Francia, de eso que viví durante un año. Los cambios de clima. De cuando no se abren las ventanas por seis meses porque hay otoño e invierno y ni siquiera sabes quién es el vecino de al lado pero y, de repente, vives otro país cuando el sol sale; la gente se vuelve loca, eufórica.

¿Ves? Allí hubo otra motivación para crear. Entonces cada obra va saliendo de lo que tú tienes guardado. Con Caracas… este año eran los 450 años de la ciudad y yo no quería que pasaran por debajo de la mesa; así que investigué. Leí no menos de 40 libros sobre Caracas; el resultado es “El Valle de los Inquietos”

VC: ¿Y para participar en obras de otros? ¿Qué te motiva?

MI:Que me inviten antes que nada (muchas risas de ambos). A mí me encanta ser dirigido, estar en el Cascanueces este año para mí ha sido una maravilla; no hice nada yo, en cuanto a dirección, yo solo obedeciendo al director: pasa pa’acá, ponte pa’allá, levanta aquí. Que gusto. Y el año que viene voy a estar en una película, entonces estoy feliz de poder ser dirigido.

VC: ¿Miguel, Cómo va el libro que estás escribiendo sobre Propatria?

MI:¡No, vale! Tengo los temas, los tópicos a desarrollar; pero tengo que ponerme y eso requiere disciplina y tiempo. Es que, fíjate, estoy leyendo Estambul de Orham Pamuk, Nobel de literatura, y esa novela me da a mí los temas de Propatria, porque él habla de toda su infancia…  Pero lo que si hice fue un blog donde invité a muchos amigos a escribir sobre Caracas.

La entrevista está a punto de acabarse, quiero dejarlo para que descanse porque, aunque habla con energía, lo siento agotado; claro, no quiero terminar hasta que hablemos un poco sobre políticas culturales

VC: Miguel, disculpa que pase tan abruptamente a otro tema; he leído varias de tus impresiones sobre los desaciertos de las políticas estatales en materia de la cultura pero habrá aciertos… Qué cosas ves tú como aciertos…

MI:Hay muchos, de verdad muchos. Fue un gran paso crear la Universidad de las Artes, crear un ministerio de la cultura, además todas las instituciones que creó ese ministerio: la Villa del Cine, el libro, el disco, las compañías de danzas, la de teatro ya existían pero la consolidó; fue un gran paso poder consolidar esos espacios, eso nada más en el ministerio; para mí Fundarte fue más ejemplar aun con la creación del Festival de Teatro y la manera tan proactiva, sobre todo bajo la gestión de Freddy Ñáñez, que se llevó a cabo. Es de las pocas instituciones donde yo me sentí respetado como artista: Me llaman para participar, me ofrecen y en efecto me cumplen con lo que ofrecen y me pagan a tiempo… y eso es muy poco común y tú lo sabes.

Entonces si hay grandes pasos institucionales que aplaudo, el asunto es: quiénes están a la cabeza de esos proyectos y su capacidad gerencial y de visión. Te cuento una anécdota de una situación muy tensa con el ministro Farruco, en medio de un evento de arte corporal acá en el teatro; allí se presentaba una obra mía -”El eco de los ciruelos”- como parte de las obras de apertura; pero esa semana entró Farruco por segunda vez al ministerio de cultura y a él se le ocurre que se haga, a parte de lo que ya teníamos planificado, una gala de performance para el mismo día. Un pasticho. El asunto es que casi que me mandaron a bajar el telón a mitad de la puesta y eso creó toda una polémica, un ruido; por otra parte la gente estaba muy tensa porque se había atrasado una hora el espectáculo y andaban preocupados porque el ministro estaba molesto. Nos llaman a una reunión y el ministro nos dice, bastante molesto, “el pueblo estaba afuera, esperando… y nosotros les hicimos esperar…”, entonces yo tomé la palabra, para terminar de derramar el agua, y le dije “…mire ministro, ese pueblo no le interesaba a nadie… acá la gente solo estaba preocupada porque usted estaba molestísimo…”

¿Sabes? A la gente, y es una cuestión cultural nuestra, le gusta estar en todos estos puestos gerenciales, de todas estas instituciones, pero no les interesa las instituciones, de verdad les interesa muy poco…. Y otra cosa terrible es que no hay una mentalidad de la continuidad: Qué hiciste tu para mantenerlo y, no, llegué yo y traigo otras ideas, sin importar si somos la misma gente. ¿Entiendes?

Después de ese zafarranchos terminé en un gabinete de cultura con el ministro Farruco que me invitó, y cuando veía la actitud de cada uno de los representantes de las instituciones me decía “con razón esto está así”; porque es que no hay la visión institucional, la visión del colectivo; coño, qué estás haciendo tú para no hacerlo yo y mira lo que estoy haciendo yo para que lo hagamos en conjunto…

VC: ¿Esa es tú preocupación, Miguel?

MI:¡Claro! Porque yo lo vivo y lo padezco a diario. Un día normal donde hay que buscar las medicinas, la comida, las cosas de mi café, Panes y Tulipanes, ¿sabes?, el caos; pero luego me voy a la Compañía Nacional de Danza y están esos muchachos echándole pichón, tradicional por un lado, contemporáneo por el otro: bailando, siendo felices… y eso es el otro país; vengo para acá y está este montón de chamitos con el Cascanueces, es de nuevo el otro país,  el país que no se cae; ese país está ahí y es el que sostiene al final toda esta vaina… somos nosotros los hacedores los que estamos día a día echándole bola, los otros están tomándose fotos, bueno algunos si ejercen pero… esa balurdes política es la que me saca…

VC: ¿Y hacedores también podríamos decir que es aquella mujer u hombre que hace la chamba, cotidianamente, desde su consejo comunal?

MI:¡Claro! Yo tuve una experiencia bien importante cuando me nombraron director del Museo

Jacobo Borges porque iba a pasar a ser un museo universitario; fue difícil, tal vez de las experiencias más difíciles que me han tocado porque implicó entrar en un mundo de sindicatos que fue rudísimo, tanto que me protestaron los trabajadores con pancartas “Miguel Issa, fuera de aquí; escuálido”; pero estando allí me encontré con unos líderes comunitarios, extraordinarios… ellos me decían “No queremos que venga más nadie a echarse la foto con nosotros”.

Acá hay varias cosas: no hay sentido de la continuidad ni el sentido de lo que es el mantenimiento; ponemos este jardín hermoso, nos tomamos la foto pero nadie planificó estrategias para que ese jardín permaneciera así, hermoso.

Te doy otro ejemplo de grandes logros: el Hospital Cardiológico Infantil, yo conozco a Isabel, la directora; esa mujer conoce a todo el mundo, los pacientes, las mamás, las enfermeras, los casos al detalle, quienes están en estado delicado, quienes no; y tú vas con ella y, de repente, agarra el teléfono y dice “Fulanito puedes bajar un momentico… Mi amor, mira, acá en el granito hay una manchita de chicle, ¿tú se la puedes quitar?”. ¿Ves? Una excepción de lo que hablamos hace un rato; porque no importa si eres el presidente de la institución, tú responsabilidad es completa.

Así estuvimos un rato más enfrascados en el difícil arte de gerenciar instituciones del estado hasta que por fin pasamos a “Panes y Tulipanes”, su pequeño café que queda ubicado en Chacao, en la calle Bolívar con la calle Urdaneta.

MI:Ese fue otro “accidente”. Yo tenía una plata de mi liquidación del Iudanza y surgió la posibilidad de asociarnos con una señora que tenía un local, entonces yo pensaba que daba la plata y después me iba a hacer rico; pero no fue así (risas). Luego es que me doy cuenta que debo estar allí, que tengo que estar pendiente… ya ha cambiado la sociedad tres veces, pero yo sigo allí; en este momento la sociedad es con mi hermana y una amiga.

Es un espacio muy bonito, un lugar muy agradable donde también hemos hecho muchas cosas artísticas. Exposiciones, café concert, tangos y milongas, se vuelve un espacio muy bohemio. Veruscka, pero es matador mantener una rutina de esas: nosotros abrimos a las 7 de la mañana, ya a mitad de la tarde estamos rendidos…

VC: ¿Te gusta Panes y Tulipanes?

MI:Me gusta, pero me confronta con situaciones encontradas por el día a día, acá mientras conversamos estoy esperando un mensaje del señor que vende la carne, con el que vende el pollo ya me comuniqué y también con mi hermana para saber cómo estuvo la cosa hoy, que se fue la luz. Dios a veces digo que no quiero más. Me gustaría nada más gerenciar la parte bohemia.

Nos reímos de buena gana. Después de despedirme de Miguel Issa quedé con la alegría bonita de quien se encuentra con un gran amigo de hace muchos años atrás, tal vez vidas atrás.

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