Beto Pérez: El cuerpo reflexivo es bailar a través de la apropiación de tener un cuerpo

Jorge Alberto Pérez es un hombre de maneras agradables. Su suave timbre de voz, junto a su acento, lo delata como mexicano inmediatamente. Baila desde muy joven y hoy, a los 51 años, mantiene la gracia y la armonía de un cuerpo que se ha ejercitado a lo largo de más de 30 años. Beto, como le gusta que le llamen, vino a nuestro país a visitar a los amigos, a compartir el segundo aniversario de Teresa Danza Contemporáneo y a dictar una serie de talleres y charlas en torno a esa celebración.

Beto nos recibe después de un ejercicio con los compañeros de Teresa Danza Contemporánea y nos brinda un poco de su historia.

Yo comencé la formación a los diecisiete años en el Instituto Nacional de Bellas Artescon una carrera trunca, porque anteriormente en México había una escuela para los niños y niñas que querían bailar y, para los adultos, unos cursos especiales que luego derivaron en la licenciatura en danza. Pero en ese tiempo tan solo te daban un diploma.

A la pregunta sobre cómo se había dado cuenta que quería bailar sonríe pícaramente.

Yo me di cuenta que quería bailar cuando ya estaba dentro, porque de lo que sí me di cuenta al inicio es que me gustaban las mujeres y en la escuela de danza habían muchas. Quizás sea clichépero creo que mucha gente entra a bailar por una cosa más visceral, emocional a ese nivel; es posible que otras llegan de otra manera, pero a mí me pasó así.

Ese era un diplomado de cuatro años de los cuales yo hice tan solo dos y comencé a bailar, después, con una compañía que se llama Barro Rojo, con ellos bailé durante ocho años. Es así que de pronto paso, de que me gustan las mujeres, a que estoy bailando y luego a que estoy participando activamente en la política en temas sociales desde Barro Rojo; quizás lo hacía con mucha inocencia por mi edad, porque en realidad yo no sabía que había un rompimiento para generar montajes con un toque social. Mi otra escuela fue esa compañía y, muchas veces por el proceso nacional en México, en vez de hacer ensayos formales lo que hacíamos era ir a bailar en las marchas y eso era como parte de la formación. Entonces yo tuve una formación académica, técnica; y una formación política que, en mi caso, ha derivado más en una formación social.

Aunque Beto Pérez habla con pinzas sobre la política porque la considera “perversa y pervertidora” reconoce que es posible que ese activismo lo haya empujado a tomar conciencia ya que “vi en alguna entrevista, de hace como quince años, que me preguntaban por mí en la danza yo les decía que quería bailar porque una persona en Tacubaya, de apellido Pérez, también pudiera ser un bailarín”.

Barro Rojo nace en Guerrero, en un proyecto que se llama Universidad Puebloy, cuando gana el premio Nacional de Danza, fue muy descalificada por la gente del medio porque los integrantes eran chaparros, morenos y de bigotes; pues hubo algo de controversia. Pero yo no estaba en ese momento en la compañía, a mí me tocó de otra manera y de otras formas tomar conciencia sobre esta situación; por ejemplo, íbamos de gira a otro país y cuando nos veían en el aeropuerto no asumían que éramos la compañía Barro Rojode contemporáneo, sino que creían que éramos una compañía de folclor y además se nos trataban mal de entrada por cómo nos veíamos; solo después que nos veían bailar el trato cambiaba… eso me empezó a molestar, porque a mí los estereotipos nunca me importaron, nunca vi que por ser bailarín se debía ser homosexual o mariguano.

Con Barro Rojo se presentó en Venezuela para la octava edición del Festival de Jóvenes Coreógrafos en el año 92. La compañía mexicana trajo Tierno abril nocturno o la vida de los hombres infames, una coreografía a cuatro manos entre María Laura Rocha y Francisco Illesca.  

Vengo a Venezuela y acá me invita Carlos Pueblilloa dar clases en el Instituto Superior de Danzay Julie Barnsleya bailar con Acción Colectiva. Di Clases en ese instituto que es el lugar donde se comenzó la danza académica acá y después derivó en UNEARTE, en la parte de danza. Con Julie estuve bailando un año y luego me fui con Rajatabla, con Yayo Castillo, un año también y luego me devolví a Acción Colectivapor dos años más.

Cuando le pregunto las diferencias en la danza, entre los dos países, hace una pausa reflexiva y vuelve en sí. 

Fíjate que en México el mejor bailarín era el que saltaba más, giraba más, caía bien, muy físico; allá no se hablaba del sentir y el pensar más que como un concepto, no tanto como una experiencia corporal; pero trabajando con Acción Colectivaentendí esas otras formas y la gran profundidad que eso implica; hablo del trabajo profundo sobre el intérprete. Esas es una de las experiencias que más me han marcado y, a la par de eso, también estaba el trabajo articular con otros compañeros en las primeras experiencias somáticas en la danza. Pues sí comencé un discurso desde esos dos polos: lo interpretativo y lo somático. Y, por otro lado, aproveché mucho que acá había una fuerte relación entre las personas de distintas disciplinas, entonces hice mucha relación con gente de distintas compañías o con personas vinculadas al cine, las artes plásticas o el teatro; cosa que no se ve en México y es una de las diferencias fundamentales.

Beto además tiene mucho que decir sobre la Venezuela que dejó a mediado de los ´90 y esta que ahora lo recibe y que muestran de él la persona despierta y con sensibilidad latente sobre lo que llama temas sociales; pero que, no cabe duda, concierne a lo social en cuanto son producto de los cambios políticos que hemos vivenciado en Venezuela.

Hay una cosa que ahora veo que pasa, en esta visita que hago, y es muy interesante… antes yo tenía amigos en San Agustín y eran ellos los que cruzaban el puente que une la parroquia con este espacio cultura; a mí siempre se me dijo que San Agustín era peligrosa, una zona de riesgo, siempre había una advertencia de no ir sólo y jamás después de las seis de la tarde. Entonces era una nebulosa, un lugar vedado y ahora, por el contrario, era el primer espacio que me tenían destinado para visitar; siento que San Agustín, ahora, es una zona que “forma parte de Caracas” y ese puente que dividía desapareció del imaginario.

También conversamos de Ítaca, que es un proyecto que Pérez lleva desde 1994 y cubre tres áreas de su quehacer: por un lado la docencia, otro la coreografía y, por el otro, se expresa en la acción de compartir experiencias.

La idea de hacer Ítaca fue la de intercambio. Ítaca no es una compañía sino un proyecto que llevo y que me permite intervenir en los trabajos de las personas que me llaman. La inspiración es directamente el poema de Kavafisque, en mi interpretación, lo que interesa realmente es el procesarcon la gente, más allá de los temas que se plantean. En este medio siempre se dice que el artista vive del aplauso del público, para mí no funciona así, yo vivo de la experiencia e intercambio constante con las personas…

¿Una metáfora del viaje que expresa Kavafis en el poema?

Sí, el viaje. Si llego o no llego no importa, eso no es lo interesante. Lo verdaderamente interesante es todo lo que se está viviendo. Fíjate que después encontré un poema de Eunice Odio, poetisa costarricense, que habla de la caída… “tu trabajo es caer gozosamente y descifrar el gozo en la caída”; eso me explicó a mí en mi trabajo. El trabajo coreográfico tiene que ver conmigo y con los demás, intento no ser una compañía sino generar experiencias; el trabajo de creación con los otros es poder dialogar; ahora, en el oficio como maestro, también busco generar una experiencia dialogante y socializante con los estudiantes. Todavía no entiendo muy bien qué es eso porque no se trata de un lugar o una forma sino que se trata de un cambio constante, por lo que siempre tengo que estar abierto a la experiencia para poder significarla. El trabajo de Ítaca implica abrirme a un espacio donde yo me reflexiono y reflexiono con los demás.

Con el Proyecto Ítaca ha trabajado tanto con bailarines como con actores y, a partir de esas vivencias, asume un aprendizaje del intercambio con personas que se desenvuelven en ambos oficios.

Creo que el actor se relaciona más con las obras, el texto; por su parte el bailarín se relaciona más con el movimiento pero, ninguno de los dos, se relaciona con el cuerpo. ¿Qué pueden hacerlo?, sí, claro que pueden hacerlo; pero lo hacen como cualquier otra persona porque piensan el cuerpo a través de la experiencia del movimiento o a través de la experiencia de decir, pero el cuerpo es anterior a eso. Por eso parte de mi trabajo es significar la experiencia de tener un cuerpo antes del movimiento, por eso creo que hay que generar un trabajo sobre el intérprete escénico para generar una categoría sin depender demasiado de ella, simplemente utilizarla como norte.

Beto también acompaña el proyecto Physical Momemtum Project - Scenic Actionde Francisco Córdova, un proceso complejo que se desarrolla en conjunto desde la ciudad de México, donde vive Beto, y Barcelona, España, donde vive Francisco.

En ese caso digo que es un traspaso de batuta, porque fui maestro de Francisco en el CNAR (Centro Nacional de las Artes) y ahora yo soy el estudiante de él, en muchas formas. Yo había dejado de bailar durante tres años y él me obligó, me sedujo, me timó y me puso a bailar de nuevo. Physicales entonces un punto de encuentro, ya no con un estudiante, sino con un creador, un artista. Y nos inventamos las formas de trabajo porque, inevitablemente, la distancia es real, pero también es real las ganas de trabajar. Así que usamos Skype, correo, llamadas telefónicas y tenemos muchas discusiones atemporales porque yo le lanzo alguna inconformidad y me responde dos semanas después y en su caso igual. Y hay resultados artísticos concretos, eso me lleva a pensar que uno evalúa las circunstancias y se suma creativamente a ellas o no haces nada.

¿Y el Cuerpo Reflexivo de dónde nace?

En algún momento me pregunté “qué es la danza mexicana y cómo se hace para generar una danza más propia” y luego me dije, pues no es nada porque México es tan amplio que no puedes hablar de “un” México, todos somos muy distintos: norte, sur, oriente occidente o centro; entonces pensé que esta, la danza mexicana, debía ser una danza más personal, y una danza personal tiene que ver con apropiarte de tu cuerpo a través de las sensaciones, de tus sensaciones; que parece muy hippie y también lo es. Se trata de cómo te mueves a través de la experiencia de tener un cuerpo y, cuando conozco los métodos somáticos me redimensionan todo este trabajo, entonces me doy permiso de generar otras formas de dar clases, de conceptualizar el trabajo estético y lo sigo haciendo y sigo aprendiendo a hacer, por medio de mirar a la gente trabajar en clases. Esto lo hago con algunos parámetros que uso unas veces y otras los desecho… Fíjate, al momento de que tú tienes una sensación, en alguna parte del cuerpo, te lleva a reflexionar tu cuerpo a través de esa experiencia y, a través de la experiencia reflexiva de la sensación, podrías tu moverte de la misma o de otra forma; entonces aprendes a bailar no a través de la estética del movimiento sino a través de la apropiación de tener un cuerpo y, desde ahí, provocar el movimiento. Por medio de la sensación de movilidad, moverte; eso básicamente.

Jorge Alberto Pérez asegura, entre risas, que escribe mucho pero para las redes sociales, en donde constantemente está articulando ideas y, aunque además tiene muchos ensayos escritos como una forma de reflexión personal sobre el oficio, aun no se plantea compilar todo en forma de libro; pero esperamos que su apretada agenda le permita sorprendernos con algo que él califica de ejercicio interesante, la escritura.

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